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October 30 Muhammad
El dia 25 de Octubre, la tripulación del Tiburón III vivió una dantesca escena 300 millas al noroeste de Cabo Verde, cuando ese dia, se toparon con un cayuco el cual tenia a bordo -siete cadáveres "en descomposición" y un superviviente en "malísimas condiciones"-... El cayuco había salido hacia veinte días de las costas Senegalesas con cincuenta y siete inmigrantes clandestinos a bordo. No se si fue el haber oído el relato por boca de quienes vivieron esa pesadilla, o el que...Que el caso, es que me dejo tocadillo. Pero sobre todo, lo que mas me jode de estas historias es que pensamos en ellos de forma matemática. Que nosotros, los ciudadanos que vivimos en esa sociedad del bienestar tan ansiada por ellos -hasta el extremo de morir de un modo espantoso por alcanzarla-, reconvirtamos una tragedia humana en simples números y estadísticas; con un solo fin... el poder dormir tranquilos cada dia, y poder seguir con nuestra: aséptica, cotidiana e impermeable vida. Ajena –o intentando, que al menos lo sea-, a esos cientos de tragedias que nos rodean. Yo no digo que halla que tomar parte directa e implicada en el problema, pues esa es labor de los políticos que nos representan. Pero si, al menos, exigirles que tomen soluciones serias, que empleen sus/ nuestros dineros en arreglar o paliar esta tragedia de una puñetera vez. Pero sobre todo, exigirnos a nosotros mismos el no olvidar que tras esos números, tras esas estadísticas, hay vidas, hay historias personales... hay personas. Y de eso se trata este relato corto, -que divido en tres partes para no aburriros-; De ponerle una vida y una historia a ese superviviente. Totalmente ficticia, eso si, y que, posiblemente nada tenga que ver con el. Pero creo que bien podría estar amadrinada a cualquiera de esos números, sin salirse para nada de la realidad. ... Espero que os guste.
MUHAMMAD (Parte I)
Algo raro estaba pasando...las gaviotas habían dejado de chillar enloquecidas a su alrededor, el silencio envolvió de repente el semihundido bote en el que se encontraba. Intento abrir los ojos, pero el dolor no le dejo, sus parpados totalmente quemados y pegados por una costra de sal y lagrimas, no respondían al impulso que su cerebro les transmitía para que se abriesen. ¿Qué seria de los siete compañeros que quedaban? Hacia ya cinco días que en un último esfuerzo habían arrojado al mar, el cadáver de una hermosa joven embarazada, la cual al final, se entregó ante el hambre, la sed y el sol; primero al bebe que llevaba en sus entrañas, y luego a ella. Fueron las lágrimas derramadas por esa muchacha las que pegaron sus ojos. Y ahora ya, tan solo quedaban ocho supervivientes de los cincuenta y seis que habían salido de las costas de su país hacinados durante veinte largos días en esa vieja patera. Veinte largos días donde el viento le tatuó dolorosamente la piel con sal, donde el frío de la noche le tundió la cara con cien látigos de rociones, y donde el hambre y la sed hirieron con mil saetas sus entrañas. Recordaba haber cerrado sus ojos al igual que sus compañeros, esperando que la muerte los viniera a buscar definitivamente, y recordaba mas tarde el bullicio de las gaviotas picoteando sin misericordia el cuerpo de uno ellos; seguramente ya muerto, y que ahora servia de comida a esas carroñeras del mar. Pero ya no le quedaban fuerzas para poder arrojarlo por la borda, solamente le quedaba esperar y rezar para que la muerte se lo llevara, antes de que aquellos pajarracos tomaran el suyo como alimento. Volvió a perder la consciencia y volvió a despertarle algo. Pero esta vez no era el silencio... ¡eran gritos! Gritos en un idioma desconocido para el, pero que a la vez le resultaba vagamente familiar. También podía apreciar el ronroneo de un motor tras aquellas agitadas voces. Su cerebro aun tardo unos segundos en comprender lo que estaba pasando... ¡estaba siendo rescatado! Lenta y dolorosamente levanto su frágil y enllagado brazo, y sacando fuerzas de donde nunca pensó que las tendría, abrió la mano temblorosamente. No podía ver, no sabia que estaba pasando, pero esa mano asiéndose al aire azul y liquido, como el fondo luminoso de sus mejores sueños, sabia que lo salvaría. Ala es piadoso, Ala es grande, y el no quería que su vida acabara allí. Sus plegarias, sus interminables rezos bajo el impenitente sol y el delirio de la muerte habían sido oídos. Al igual que habían sido oídos, desde aquel lejano dia en que sus padres generosamente, le habían donado dos bueyes que formaban parte de la dote, que habían recibido por las nupcias de su hermana. Para que el; su hijo benjamín, cumpliera su sueño. Dos bueyes que había usado para pagarse el pasaje como clandestino a esa Europa que tanto tiempo llevaba idealizando en su cabeza. Dos bueyes que si tendría suerte serian los pilares que sacarían a su familia de la miseria. Sintió que su escuálido cuerpo que ahora apenas alcanzaba los cuarenta kilos, era izado y sujeto por fuertes y ásperas manos. Sus labios agrietados y quemados aun consiguieron reflejar la caricatura de una sonrisa, mientras de su garganta, apenas pudo salir un imperceptible “Merci monsieur”. ...Y entonces soñó y recordó...
Fredo En Horta a 30 de Octubre del 2007
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