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July 16 El Manteca Jazz
EL MANTECA JAZZ
Esta semana finalizo la tercera edición del “Imaxina Son”, que se podría traducir por “imagina el sonido”, o haciendo un juego de palabras galaico-castellano ...Imaginación!! Este festival en su tercer año, va afianzándose rápidamente en el circuito de festivales de Jazz que recorre la piel del toro durante el verano. De hecho a pesar de su juventud se considera ya como el tercero, después del de Victoria- Gasteiz o San Sebastián. Destaca este festival por su particular atención a las tendencias jazzisticas mas novedosas, primero gallegas, después españolas y por ultimo europeas. Sin renunciar claro esta, a presencias puntuales del jazz latino o americano. Pero destaca sobre todo la forma de presentación de estos grupos, alejándose de los auditorios y salas de conciertos, para llevar el jazz a la calle y a los clubes de la ciudad que solemos frecuentar mas o menos a menudo, la gente que nos gusta este tipo de música. Locales como puedan ser el Kuomo, el Verbum café, etcétera...Pero entre todos ellos destaca uno; el mas emblemático para mi parecer y gusto...y ese es el “Manteca Jazz”.
En el, además de una unión musical con la gente que lo frecuenta, notas una sensación de colegueo, de conocerse de toda la vida, de comodidad en medio del gentío (y os lo dice alguien que acostumbra a rehuir de aglomeraciones como gato del agua), que te hace sentirte a gusto desde el mismo instante que entras por la puerta a pesar de sangrarte 6 euros nada mas entrar...los muy cabrones!. Lo primero que observas asi como atraviesas el umbral, y destacando entre lo mas variopinto del gentío que lo frecuenta, (sobre todo personajes entre los 30 y 50 años, viejas glorias de la movida nocturna viguesa de los 80)...Es a Justo “el pincha”, o DJ como lo llaman ahora, y que no me gusta nada como suena, pues aun por encima lo pronuncian en ingles “Diyei”, como si aquí no tuviéramos calificativos suficientes para nombrar a tan importante personaje de los clubes nocturnos. ...en fin... Justo con su aire de judío errante, su “melena calva” y digo bien, pues bajo ese sombrero a lo gangster de los 40, se esconde una incipiente calva tipo mago Tamariz que le da un particular sabor y personalidad al local. Mi amigo Justo...el viejo Justo, el cual conozco desde que montaba aquellos guateques en el bajo de su casa y usaba un desguazado seiscientos a modo de cabina...!Hayyy...aquellos tiempos! El local, el humo, el dulzon olor del hachis y el alcohol, el murmullo de la gente, las increíbles notas del piano de Chick Korea con su banda Return to Forever machacando rítmicamente los altavoces o el pasional saxo de Stan Getz, son todos ellos elementos que hacen que te adentres súbitamente en un mundo de pasiones y sensaciones. Me encanta el bienestar que siento allí dentro, esos momentos, como cuando con mi mejor amigo comentamos tras el vidrio de una copa y en medio de las volutas de nuestros cigarrillos, la locura desenfrenada de la batería de Billy Cobham que se escucha de fondo, o la suavidad melódica del violinista francés Stéphane Grappelli frotando las cuatro cuerdas de su violín, paladeando la música como si de un buen vino se tratara, buscando en medio de su complejidad... olores, sabores y matices musicales...Solo eso, hacen de una noche...una noche perfecta.
Pero lo mejor viene a medianoche. En esa hora mágica que las meigas usaban para sus aquelarres el local se transforma, los murmullos languidecen hasta hacerse el silencio y las miradas confluyen todas en un mismo sitio...el escenario. Es a esa hora cuando empieza el verdadero aquelarre del jazz, la unión espiritual a través de la música entre el publico y los que la interpretan. Los dedos empiezan a tamborilear sobre las mesas, las piernas se mueven nerviosas bajo ellas, el cuerpo en su totalidad se embriaga de notas, notándose un “in crescendo” paulatino en el ambiente. Me encanta el jazz porque es una música basada casi totalmente en la improvisación y por supuesto, en el buen gusto. Y cuando el fenómeno músico-publico se une en uno solo, cuando el interprete se siente cómodo y entre amigos, cuando ese ambiente alcanza su cenit...las notas cambian, el goce de disfrutar tocando un instrumento se transmite a través del aire formándose entonces el triunvirato... músico, instrumento y publico, que es para mi la plenitud total de una velada nocturna musical, en la cual “ o feitizo” (el hechizo) del jazz alcanza su máximo y mas grande esplendor.
....Es la hora mágica.
Fredo
En la mar a 17 de Julio del 2007
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