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June 30 Encuentro en una noche de verano
ENCUENTRO EN UNA NOCHE DE VERANO
Llega el verano al sur de Canadá y con el, el recuerdo de viejas pasiones vuelven a mi mente... Todo empezó una calurosa tarde de Agosto, hace ya unos cuantos años. Llevaba varios dias observándola, y cuanto mas la contemplaba, mas me cautivaba su salvaje belleza. Ella no me conocía, pero yo a ella si...Todos los días a las cinco de la tarde encendía mi ordenador ansioso por verla. Y como siempre, al poco...allí aparecía ella...puntual tras la pantalla de plasma. Aquel año, fueron unas cuantas las que observe tras el voyeurismo estático que me proporcionaba el PC, pero con ella era diferente, algo se forjo desde el primer instante entre los dos...No se, era como un presagio de nuestro inminente encuentro, lo que hacia que mis ojos solo se fijaran en ella . me atraían en sobremanera sus perfectas y juveniles curvas, sus redondeces, pero nada era tan hipnotizador como esa oscuridad justo en el centro de sus formas. Sabia lo peligroso que podría llegar a ser zambullirse sin control en medio de ese negro y a la vez hermoso centro de su ser, pero...cual ojo de una hermosa serpiente, me hipnotizaba sin poder apartar la vista de el. Asi dia tras dia, tarde tras tarde, siempre puntual a la cita sintiéndola cada vez mas cercana a mi y ella ignorante de esos ojos que la observaban fascinado y a la vez temerosos, pues aunque ella fuese joven y manejable, en todo momento fui consciente del peligro que me supondría un encuentro intimo con tan hermosa obra de la naturaleza. Se llamaba Jeanne...!Oh Jeanne!...hasta su nombre era bello, el oírlo me evocaba una vieja canción de Lou Reed. ¡Que nombre tan romántico, para una belleza tan salvaje! Fueron varias las que conocí aquel Agosto: Helena, Ingrid, Jeanne, Kate, Lisa y Maria... -las cito en orden alfabético, pues asi me fueron presentadas-. Pero desde el primer momento fue Jeanne quien capturo toda mi atención. Desde ese primer instante sentí unos deseos irresistibles de conocerla a pesar de que la timidez y la prudencia me dictaban lo contrario, aunque al final fue mi osadía adquirida a través de tantos años navegando por otros tantos mares la que se negó a rehuir el encuentro. Un encuentro que se materializo al sexto dia de verla por primera vez, y como suele ser habitual en este tipo de citas...sucedió de noche... Ya por la tarde su cercana presencia se reflejaba tanto en mi animo como en el escenario donde se iba a desarrollar. Me sentía nervioso, a la vez que me invadía un calor sofocante. Una sensación de falta de aire flotaba en el ambiente cargado y húmedo, muy húmedo. Mi cuerpo sudaba sin apenas hacer movimiento alguno, intente huir a ultima hora de la tarde, pero todo esfuerzo era baldío ya...ella había llegado y me había visto...la huida ya no era una posibilidad. Unos sinuosos movimientos precedieron su llegada. Su brisa calida del sudoeste en mi cara, me indico enseguida que me encontraba en el sector posterior peligroso de la tormenta tropical, el barómetro comenzó a descender en picado, grandes nubarrones negros como alma homicida se abalanzaban sobre mi cambiando de formas a una velocidad asombrosa, la superficie del mar paso de unos pequeños borreguitos dispersos aquí y allá, a volverse totalmente blanca en minutos, los balances comenzaron a aumentar en cadencia, intensidad y fuerza, cual amantes en acto de amor. Para de repente... hacerse la noche mas negra que vi jamás. Ni el mas diminuto rayo de luz era capaz de traspasar semejante masa nubosa. La visibilidad quedo reducida a solamente escasos centímetros de los cristales del puente. El viento empezó a rugir, y digo a rugir, no a silbar como puede hacer un viento de fuerte intensidad sobre los estays y jarcias...no. Este rugía como alimaña acorralada en su rozar con la cubierta. La lluvia no llegaba a tocar las secas planchas de la misma pues salía disparada hacia arriba a unos veinte centímetros de la chapa, tal era la fuerza del viento que la rozaba. El barco cabeceaba sin concierto alguno...metiendo la proa, enterrando las amuras, escorando a babor y a estribor. Cualquier intento de cambio de rumbo se hacia lento y penoso, cualquier intento de aguantar una proa firme se hacia labor casi imposible. La giroscópica marcaba rumbo de sur, a la vez que el plotter dibujaba irracionalmente en su pantalla un derrota a sotavento. Fueron solo cuatro horas...pero inolvidables Viento, lluvia, espuma, mar, adrenalina, sudor, humo de cigarrillos, pilotos rojos y verdes, oscuridad, desconcierto...la verdad que Jeanne no me defraudo, la tormenta tropical, ciclón tropical, tropical storm o como la queráis llamar no me defraudo en absoluto. Era tal y como la esperaba, era tal y como me la imaginaba aquellas tardes hipnotizado frente a la pantalla del ordenador después de recibir sus imágenes del Meteosat. Sabia que iba a ser un corto pero intenso encuentro y asi fue. No creo que vuelva a tener este tipo de experiencias...una porque nunca son agradables ni dejan buen recuerdo, y otra porque desde que los colectivos feministas americanos pusieron el grito en el cielo en cuanto al tema de nombrar siempre con sustantivos femeninos a estos fenómenos naturales con semejante poder de destrucción, los metereologos de la agencia NOAA (Centro de control y seguimiento de huracanes de Miami, Florida), optaron por poner indistintamente nombres de hombre o mujer a las tormentas tropicales y huracanes. Y claro...es de recibo que no me ponga nada sentirme atraído por algo que se llame... Karl, Ivan o Peter, o como coño las quieran nombrar ahora. Supongo que vuesas mercedes lo entenderán.
Fredo
En la mar a 29 de Junio del 2007
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